Rubén Balbastre

¿IA o colapso? Escenarios para un sistema monetario al borde del ajuste

Septiembre de 2025

A continuación, os presento un escrito sobre la situación financiera en relación a la IA. Como siempre, invito al lector a intentar reflexionar desde un punto de vista diferente. Si con este escrito, el lector lo hace, el objetivo del escrito ha sido cumplido.

A pesar de los grandes avances en IA durante los últimos años es importante entender (o por lo menos intentar intuir) por qué se ha dado y cuándo podrá terminar. Evidentemente una de las razones son los avances científicos, como la arquitectura transformer, y los de ingeniería; pero no todo se basa en eso. Aquí entra en juego la liquidez económica.

Vivimos en un sistema monetario saturado de liquidez, donde el exceso de deuda pública actúa como combustible de un circuito cada vez más inestable. Esa liquidez, en busca de rendimiento, fluye hacia activos de riesgo —acciones tecnológicas (lease los 7 magníficos para resumir) y rondas de financiación gigantescas como las de OpenAI— pero también hacia activos refugio que empiezan a ganar protagonismo: oro, plata y, de forma disruptiva, Bitcoin. El movimiento es claro: una parte del capital especula con que la tecnología ofrecerá la salida, mientras otra se protege anticipando que los fundamentos monetarios pueden quebrarse en cualquier momento.

La narrativa oficial de Estados Unidos descansa en la promesa de crecer por encima de la inflación —un 2% como mínimo— para evitar que la montaña de deuda se vuelva insostenible. Pero esta promesa se topa con la realidad: la actual ola de inteligencia artificial, por ahora, no logra traducirse en aumentos tangibles del PIB. Sí, se invierte en centros de datos, chips de NVIDIA y nubes alquiladas a Amazon, Google y Microsoft, pero se trata de gasto masivo en infraestructura cuyo retorno aún es incierto y dependiente de expectativas más que de productividad real. En otras palabras, se siembran capitales colosales sin que florezca todavía el crecimiento necesario para sostener la deuda.

A este escenario se suma un giro geopolítico que podría sacudir el tablero: la posible stable coin de China, respaldada en oro. No es casualidad que, en los últimos años, los bancos centrales del mundo hayan acumulado oro de manera frenética, buscando cuadrar unos balances corroídos por deuda en moneda fiat sin sustento. Si esta moneda digital china fuera percibida como fiable, podría socavar de raíz el estatus del dólar como reserva global y desencadenar un terremoto en los mercados de bonos. Y un terremoto en el mercado de bonos no se quedaría ahí: se extendería como una onda sísmica al resto de mercados financieros, cortando de golpe la “barra libre” de financiación que hoy alimenta el boom de la IA y forzando un ajuste violento en la valoración de proyectos que dependen del flujo constante de capital barato.

El futuro se abre, entonces, entre dos horizontes opuestos. Uno, el de la erosión progresiva del dólar y el colapso de un sistema fiscal global basado en deuda infinita y liquidez reciclada en promesas vacías. Otro, el de una inteligencia artificial que, si llegara a ser genuinamente productiva, podría desencadenar una nueva revolución industrial capaz de generar el crecimiento que hoy parece utópico. El desenlace dependerá de qué ocurra antes: la implosión del sistema de deuda, forzada por la irrupción de alternativas como la moneda china respaldada en oro, o la aparición de una IA que logre sacarnos del agujero.

Nota: probablemente todos los lectores conozcamos las grandes aplicaciones de la IA que incrementen la productividad o eliminen gastos pero esto no siempre es así y la mayoría de las empresas tienen un gap tecnológico brutal. Es por ello que aunque los márgenes empresariales crezcan en las empresas, debemos diferenciar entre ellas. No es mi deber explicar cómo influye la IA en el PIB pero sí cabe recalcar que no crecemos solo por incrementos de la productividad sino principalmente por gasto en inversión.