En septiembre de 2024, publicamos un artículo donde planteamos la posibilidad de una nueva guerra fría donde ahora los bandos enfrentados serían China y EEUU. En este caso, el motivo del conflicto sería conseguir la inteligencia artificial más avanzada a fin de conseguir la posición de primera potencial mundial. Se potenciaría masivamente por parte de los gobiernos el desarrollo de la IA aunque, como anteriormente con la tecnología nuclear en la guerra fría, para el ámbito militar. Este escenario propiciaría avances que no serían revelados a la comunidad científica general y entraríamos en una época de secretismo donde solo unos pocos tendrán acceso al conocimiento de estos sistemas.
El desarrollo de la IA desde la perspectiva de código abierto podría plantearse como una solución a este problema. Si la IA “open-source” avanzara igual o más rápido que la de propiedad privada (empresas o gobiernos), podría desincentivar el desarrollo de los gobiernos de manera individual y facilitar la cooperación internacional, evitando así conflictos. A pesar de que pareciese difícil, no podemos descartar esa posibilidad. Sin embargo, debemos plantearnos también si esto no tiene inconvenientes.
La comparación con la guerra fría entre EEUU y la antigua URSS, surge de manera natural pues tanto los motivos son el mismo: el dominio mundial; como los objetos de disputa: nuevas tecnologías. Sin embargo, cabe reflexionar sobre qué pensaríamos si la solución a la aplicación de la tecnología nuclear en ámbitos militares fuese la creación de una comunidad “open-source” de tecnología nuclear.
Toda nueva tecnología, más allá de sus particularidades, puede ser utilizada con un objetivo “bueno” o un objetivo “malo”. No obstante, es interesante darnos cuenta de qué las soluciones propuestas en su momento para evitar que la tecnología nuclear se aplicase en el ámbito militar distan mucho de las que generalmente se proponen para la IA.
Por tanto, una serie de tratados limitando la aplicación de la IA en al ámbito militar podrían ser parte de la solución. Sin embargo, resulta difícil pensar que no llegaremos a ese punto tras un rearme tecnológico por parte de las grandes potencias.
Esto, nos da varias cuestiones interesantes sobre las que reflexionar: ¿Podría una nueva guerra fría proporcionarnos un nuevo rearme que nos garantizase otra época de paz duradera durante las próximas décadas o sería necesario otro Hiroshima? ¿Es esta la dirección a la que vamos tras unos últimos años donde la tensión geopolítica cada vez es mayor? Las consecuencias son imprevisibles pero el rumbo parece tomado.